En el principio fue Black Mask

En el principio era Hardboiled, y el Hardboiled era con Black Mask, y el Hardboiled era Black Mask. Este era en el principio con Black Mask. Todas las cosas por Black Mask fueron hechas; y sin Black Mask nada de lo que es hecho, fue hecho. En Black Mask estaba la Novela Negra, y la Novela Negra era la luz de los lectores del género.

Hubo otras, pero la revista Black Mask quizás sea la más representativa de todas ellas, así como un referente de las novelas por entregas, negras, por supuesto, y de los relatos cortos. En el párrafo anterior he adaptado el comienzo del evangelio de Juan no porque yo sea religioso, sino porque me venía al pelo, y porque creo que sustituyendo las palabras originales por las que yo he puesto, la relación entre Hardboiled, Novela Negra y Black Mask, queda perfectamente definida.

nombre

Black Mask era una revista de papel barato (pulp) y tapas de cartón con dibujos más o menos acertados, aunque algunos de ellos se convirtieron en iconos. Fue fundada en 1920 por H. L. Mencken and George Jean Nathan. Mencken era periodista, crítico literario y poeta. Nathan, sin embargo, era crítico de teatro. Ambos eran inquietos, ya que antes de embarcarse en Black Mask ya habían formado parte de diversos proyectos editoriales.

Los primeros números de Black Mask ni siquiera estaban dedicados única y exclusivamente al crimen. Buscaban llegar al mayor número de lectores para recuperar la inversión (500 dólares). Básicamente había cinco secciones: aventuras, amor, romances, ocultismo e historias de detectives, si bien estas últimas eran todavía de clara influencia inglesa. Después de ocho números, la creación de la revista y el número de ejemplares distribuidos podían considerarse todo un éxito. Fue entonces cuando vendieron el proyecto a los editores Eltinge Warner y Eugene Crow por 12500 dólares. Nathan y Mencken hicieron un buen negocio, sin duda, pero lo mejor estaba por venir.

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Los nuevos dueños nombraron director de la revista a “Cap” Joseph Shaw, un escritor de novelas de aventuras sin éxito. Shaw era moralista. Escribía editoriales sobre los juzgados, el sistema de jurados y el control de las armas. No hay que olvidar la fecha fundacional de la revista, que coincide con un hecho muy significativo: La Ley Seca, que propicia la aparición del gangsterismo. Este tipo de delincuencia es una consecuencia del capitalismo y a la vez forma parte de él. Los gángsters no son delincuentes al uso. Sus objetivos son los mismos que los de otros grupos de similar calado: el poder. Compran políticos, jueces, periodistas y policías, y consiguen sus objetivos por medio de la violencia, la extorsión, el chantaje y el terror. Shaw creía en la responsabilidad moral de la novela de ficción criminal. Creía que estos relatos podrían inspirar y promover, recuperar de alguna forma, el ideal de justicia en las calles, que a medida que pasaba el tiempo se iban convirtiendo en calles sin ley. No es de extrañar la abundancia de relatos de detectives privados en contra de los relatos de policías, cada vez más corruptos, cada vez más al servicio de mafiosos de todo pelaje, en vez de velar por la seguridad de los ciudadanos.

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La revista da un vuelco en la edición del 15 de mayo de 1923. Se publica el que está considerado como el primer relato Hardboiled de la historia. Se titulaba «Three Gun Terry». El autor se llamaba Carroll John Daly, que publicaba en Black Mask desde 1920, y es el verdadero iniciador del género. Hammett y Chandler lo consolidaron, lo agrandaron, lo universalizaron. No sabemos si fue Hammett quien escribió primero un relato Hardboiled o si verdaderamente fue Daly, pero a Daly se le atribuye el mérito de publicar primero.

«Tengo un pequeño despacho que dice: “Terry Mack, Investigador Privado”, en la puerta. Significa lo que quieras pensar. No soy un ladrón y no soy un idiota. Hago las cosas a mi manera»

Al detective Terry Mack le siguió Race Williams, un detective mucho más violento y inteligente que fue quien verdaderamente estableció el prototipo de detective duro que ejerció como plantilla para todos los que vinieron detrás. Los relatos de Black Mask se volvieron mucho más duros con diálogos mucho más negros, ácidos e ingeniosos.

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Fue Shaw quien decidió que los mejores escritores eran aquellos que escribían historias de detectives y dejó constancia de sus planes para la revista en un editorial de 1927: «La ficción detectivesca, como vemos, sólo ha comenzado a desarrollarse. Todos los demás campos han sido ya trabajados y sobrecargados, pero la ficción policial apenas ha sido desarrollada».

El crack del 29 generó otro tipo de delincuencia, la de la América Profunda, hombres y mujeres que delinquían única y exclusivamente para sobrevivir. Mientras los gángsters campaban a sus anchas por las calles o vivían como príncipes en las prisiones, estos nuevos delincuentes raramente eran juzgados: eran ametrallados en cualquier carretera secundaria o en cualquier casucha perdida. Los gángsters tenían conexiones con el poder mientras que John Dillinger, Ma Baker o Bonnie y Clyde estaban solos. Estos nuevos delincuentes también captaron la atención de diversos escritores ya que, al revelarse contra el sistema corrupto, llevaban impresa la aureola de héroes y eran muy novelables.

En diciembre de 1933, Black Mask solo publicaba historias de delitos. De los 66000 ejemplares que se distribuían cuando Shaw tomó las riendas, la revista llegó a imprimir ese año 103000 a un precio de 20 centavos, otro de los factores que la hizo tan popular.

Dashiell Hammett fue el punto de inspiración para Shaw y se convirtió en el buque insignia de la revista. Su primera historia en Black Mask fue «El camino a casa», publicada con el pseudónimo de Peter Collinson en diciembre de 1922, año a partir del cual desfilarían por la revista maestros como James M. Cain, Ross Macdonald o William Riley Burnett. El 15 de diciembre de 1923 publicó su primera historia Erle Stanley Gardner, bajo el pseudónimo de Charles M. Green.

Raymond Chandler publicó por primera vez en Black Mask en 1933. Fue un relato corto titulado «Los chantajistas no disparan».

«Rhonda Farr era muy hermosa. Iba vestida para la ocasión, todo de negro, excepto por un cuello blanco de piel, ligero como una anguila en su envoltura de noche y excepto por una peluca blanca que, destinada a disfrazarla, la hacía parecer muy joven. Sus ojos eran de color azul claro saturado, y tenía el tipo de piel que sueña un viejo rastrillo».

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